Muchas personas eligen realizar su propio blanqueamiento dental con métodos caseros, pero ¿es aconsejable realizar esta práctica?

Con el paso de los años nuestros dientes se oscurecen. Y es frecuente que el proceso natural propio de la edad de los dientes se vea acelerado por factores como la genética, una mala higiene dental, hábitos poco saludables, accidentes o golpes en los dientes.

Por esta razón, en la etapa adulta son muchos quienes buscan la manera de revertir el paso del tiempo reflejado en el color y el aspecto de la dentadura a través de un tratamiento de blanqueamiento dental: el más popular entre los pacientes odontológicos. El blanqueamiento dental es una alternativa que tiene repercusiones en la apariencia física, en lo social, psicológico y profesional. Sin embargo, en los últimos años han proliferado diversos métodos domésticos y artesanales que prometen una sonrisa blanca, pero que no hablan de los posibles riesgos que implica hacerse un blanqueamiento sin la supervisión de un dentista.

Tanto blanqueadores dentales caseros como dentífricos blanqueadores han ido ganando adeptos y existe además una amplia oferta para realizarse un tratamiento de este tipo en clínicas estéticas, peluquerías, spas y otros; quienes utilizan los mismos agentes blanqueadores que los odontólogos (peróxido de hidrógeno o peróxido de carbamida), pero en proporciones muchas veces inadecuadas, lo que puede generar resultados lejos de lo esperado. Esto no solo podría tildarse como “publicidad engañosa”, sino que además entraña riesgos alarmantes.

La utilización de materiales abrasivos que rayan los dientes, dando la impresión de una dentadura más blanca, en realidad deterioran las capas superficiales de las piezas dentales, descomponiendo el esmalte. El Colegio de Dentistas de Córdoba, España, advierte : «el esmalte es el único tejido del ser humano que no se vuelve a reproducir, esmalte que se pierde, es esmalte perdido para siempre». Si bien estos productos aclaran parcialmente el tono de la dentadura, no consiguen resultados estéticos reales.

Los potenciales riesgos de un tratamiento con materiales abrasivos van desde una sensibilidad extrema hasta la pérdida irreversible del esmalte, además de provocar dolores terribles si se llega a realizar dicho tratamiento sobre una pieza que tenga caries.

Por lo mismo, es de suma importancia que un odontólogo evalúe nuestro caso y nos proponga un tratamiento adecuado para blanquear nuestros dientes. El dentista debe examinar el tipo de esmalte que poseemos, nuestros nivel de sensibilidad, hábitos y estilo de vida que llevamos, para ver si son compatibles con un tratamiento de blanqueamiento. Por ejemplo, si acostumbramos a fumar o tomar café, un procedimiento como este podría ser inútil.

También es necesario conocer el historial médico de los pacientes, ya que si tienen problemas en las encías, es probable que desarrollen hiper-sensibilidad al tener las raíces de los dientes descubiertas. Otro factor a tener en cuenta es tanto el color actual de los dientes como el color de piel del paciente ya que no todas dentaduras reciben el mismo protocolo de blanqueamiento, siendo este un tratamiento personalizado para cada caso y diente.

El uso de pastas blanqueadoras no reportan resultados reales, más bien hacen lo mismo que los tratamientos sin supervisión: corroer el esmalte, ya que tienen muy poca cantidad de agentes activos de blanqueamiento dental. Al ser abrasivas, pueden borrar las manchas externas, pero no cambiar el color de la dentadura.

En cuanto a los trucos caseros para aclarar los dientes que circulan en internet, aquellos como blanquear los dientes con bicarbonato, limón o agua oxigenada, son en realidad trucos que pueden dañar nuestras piezas dentales. Si bien, estos pueden ser una solución transitoria, en un largo plazo, pueden producir abrasiones graves que impliquen la destrucción de nuestro esmalte, ya que si se abusa de estos métodos, podemos acabar produciendo erosiones importantes que luego haya que restaurar con carillas de porcelana.

Por ejemplo, el truco del limón y el bicarbonato puede ser extremadamente irresponsable y destructivo debido a que el ácido cítrico del limón corroe el esmalte y el bicarbonato debilita las primeras capas de la superficie de nuestros dientes.

Si queremos conseguir un blanco de “comercial de televisión”, necesitamos someternos a un tratamiento clínico bajo la supervisión de un dentista: un blanqueamiento dental con sistemas estéticos elaborados como carillas de porcelana. En las clínicas se aplicará un concentrado de peróxido de hidrógeno en una concentración muy elevada que puede ser activado o no por luz (láser o led) o con activadores químicos que no necesitan luz. Los tratamiento caseros recomendados por los odontólogos consisten en la aplicación de peróxido de carbamida al 16%, con el que se rellenan unos moldes a medida del paciente para que se lo ponga en la boca durante el tiempo que el profesional indique, durante un par de semanas a un mes.

Estos procedimientos son inofensivos y sus efectos perduran entre uno y tres años, aunque el color dependerá del tipo de dieta y hábitos el paciente. Si el paciente bebe vino tinto, té o café, es posible que no se mantengan los resultados a lo largo del tiempo, ya que los dientes se volverán a ensuciar.

En conclusión, es de vital importancia tomarse el blanqueamiento dental con seriedad y acudir a un profesional para que haga un diagnóstico y un plan de tratamiento adecuado. La oferta de tratamientos aficionados podría ocasionar daños irreversibles en nuestra dentadura. También debemos considerar el cambio de hábitos que debemos experimentar si deseamos blanquear nuestra sonrisa de manera permanente.

Si quieres realizarte un tratamiento de blanqueamiento dental, no olvides programar una visita con tu odontólogo.